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23/08/10



La felicidad estaba allí, entre esas paredes blancas con brisas fresca de sierra en verano.

Disfrutando cada instante, el amor fluía entre ellos como si nada hubiera pasado. Las caricias y besos no tenían fin, y la posibilidad que fueran los últimos le entristecía tanto a él, que a cada momento lloraba. Llantos motivados por emoción, alegría y nostalgia...-Emociones mezcladas que me son imposibles describir-.

Los paseos de la mano afirmaban un cariño latente, aun después de mucho tiempo. Cada gesto era recordado en otros momentos anteriores, desde la forma de conducir ese auto, hasta su despertar alegre. Ella siempre lo hacía de esa manera. Besos entre sábanas, iluminadas por ese sol al entrar por la ventana. El pretendió ese momento en tantas veces, casi no creía que pasara en realidad, que era sueño.

No escatimaron en algunos reproches, de por que no estaban juntos. ¿Quién tuvo la culpa de maldita ruptura?. En realidad eso no les importaba a ninguno. Nada podría estropear ese poco tiempo que les quedaba. Si es cierto que él se fue, que ella no supo retenerlo, ¿Tiene eso importancia cuando todo lo que les queda es amor?. -Relato con nudo en garganta-.

La confianza que demostraron el uno al otro, no pudo salir de ese pequeño pueblo de escapada veraniega. El amor se quedó allí con la felicidad entre esas paredes blancas, justo en el abrazo llorado a la salida de regreso.

Ella entre tanto, pretendía sensatez por amor. A el solo le quedaba el recuerdo, y la incertidumbre de un reencuentro poco probable.